miércoles, 15 de octubre de 2014

Un mar de dudas puede ser un título negativo. Cuando dudamos, nos sentimos inseguros y necesitamos encontrar una respuesta o una decisión acertada. Pero la duda llega cuando exporamos mundos nuevos, cuando nos atrevemos con algo que no es lo cotidiano. 
Cuando eres profesor, puedes caer en la tentación de dar tus clases siempre de la misma manera. Cuando encuentras una fórmula para enseñar con la que te sientes cómodo, la puedes adoptar y la aplicas un año tras otro. El que hace eso, el que no duda sobre tu método, está profesionalmente muerto. Dar clase se puede convertir en una tortura y te aseguro que ese profe acomodado será también una tortura para su alumnado. He tenido compañeros así, que se han negado a seguir creciendo, porque seguir creciendo implica un movimiento hacia delante e implica un trabajo. Ahí está la clave: trabajo, esfuerzo. ¿Cómo podemos exigir trabajo y esfuerzo a nuestros alumnos si nosotros nos limitamos a hacer lo mismo todos los años?
Pues aquí está una profe inquieta, que no se conforma con un recurso que funcionó estupendamente para Nivel II de Enseñanza para Adultos en el curso 2010-11. Soy una profe humilde y desde la humildad deseo seguir aprendiendo, enfrentándome a las inseguridades y a las dudas, como lo hacen todos los días mis alumnos. Quiero caminar con ellos y no olvidar que superar las dificultades nos hace fuertes.

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